Bendito el que viene… Hosanna a Hijo de David

 

Domingo 28 de marzo de 2021

Domingo de Ramos

Ciclo B: San Marcos 14, 1—15, 47

 

Así como adviento es un tiempo litúrgico, cuyo itinerario concluye en Belén, así también el tiempo cuaresmal es el camino que conduce a Jerusalén donde el Misterio Pascual aparece con fuerza a partir del Domingo de Ramos. Los caminos orientan y son para recorrerlos, no para mirarlos. Su tránsito implica fatiga, distracción a veces, esfuerzo siempre y también mucha ilusión y esperanza.

 

El Itinerario cuaresmal alcanza mejor sentido e inspiración en las virtudes bases de la vida cristiana: las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad. El Papa Francisco, en el mensaje de Cuaresma de este año, nos exhorta a “renovar la fe, saciar nuestra sed con el agua viva de la esperanza y recibir con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo”.

 

En este Domingo actualizamos la gozosa acogida que el pueblo brinda a Jesús. El pueblo conocía a Jesús, sus palabras y sus signos. Lo siguen y lo escuchan. Cuando llega a Jerusalén lo reciben, hay gente que va adelante (¿anunciándolo o queriendo figurar a costa de El?) y gente que va detrás y lo sigue. Ambos grupos exclaman Bendito el que viene…. Si Belén fue vida, Jerusalén es muerte, muerte redentora. El pueblo intuye en esta entrada alegre el signo mesiánico anunciado por el profeta Isaías 62,11. Los judíos esperaban la liberación política de su pueblo, de ahí la alusión al hijo de David: Hosanna al hijo de David, añorando un reino tan esplendoroso como el del rey David. Mejor aún, Jesús es el Bendito que viene porque nos libera de la opresión y esclavitud del mal, de lo que realmente nos arrebata la libertad.

 

Nos disponemos a recibir a Jesús en nuestra vida y a compartir con respetuosa fe su hora, aquella que anunció en las bodas de Caná. La hora en que se adorará en espíritu y en verdad (Jn 4, 23). La hora en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirán (Jn 5, 25). No pudieron poner las manos sobre El, porque no había llegado su hora (Jn 7, 30)

 

Es la hora de la Redención copiosa, misericordia abundante que se recibe con la alegría de saberse redimido de los males que hacen de este mundo, un mundo herido. Por eso con la liturgia decimos Bendito el que viene…, Hosanna al Hijo de David

 

Domingo de Ramos es el momento de alegrarnos con los signos que anuncian al Mesías y también contemplar, vivir y escuchar el estremecedor relato de la Pasión y muerte de Jesús. Puerta de entrada para lo que la Iglesia llama Semana Mayor, en la que el Misterio Pascual, núcleo y centro de nuestra fe se despliega ante nuestro espíritu con el avallasador vértigo de la inescrutable Misericordia de Dios. Misterio Pascual en el que Jesús el hijo de María y el Hijo de Dios muere y resucita por nosotros y por nuestro pecado, misterio al que la Liturgia le otorga 90 días de especial atención: los cuarenta días de la Cuaresma para preparar y los 50 días del tiempo de la Pascua para celebrar.

 

Participemos con fe y decisión en los actos litúrgicos, presencial o virtualmente, porque constituyen una auténtica Mistagogia, que, a partir de los visibles signos sacramentales tan llenos de contenido, abre nuestra mente a la comprensión, aunque limitada por nuestra condición humana, de la profundidad de la misericordia de Dios que se expresa plenamente en el Señor Jesucristo. A Él, a quien amamos y queremos seguir, sea siempre el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amen

 

 Fernando Lacaux Urrutia, Misionero Redentorista, Santiago